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DISCURSO TOMA DE POSESIÓN DEL DECANO

Con la Venia.

Excelentísimos e ilustrísimos sres. Decanos, autoridades y compañeros:

Es para mi un honor tomar posesión en este acto del cargo de Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Cádiz, lo que obedece no a méritos propios, sino a la generosidad de mis compañeros, con quienes mantengo una deuda de gratitud, que espero pagar algún día con mi trabajo, esfuerzo y dedicación en el desempeño del cargo, en el que desde este mismo momento estoy a vuestra entera disposición.

Mis primeras palabras tienen que ser de agradecimiento a todos los colegiados, empezando por quienes han sido mis compañeros de Junta de Gobierno de estos últimos ocho años, por su apoyo y confianza, sin los cuáles hoy no estaría aquí.

Naturalmente, mi agradecimiento muy especial a mi Decano, a José Manuel Jareño, de forma sentida y de corazón, por la generosa entrega de su tiempo y sus conocimientos; el fue quien hace ocho años me llamó para que me incorporase a su Junta de Gobierno; José Manuel ha sido un magnífico Decano de este Colegio y, sobre todo, ha sido un mejor compañero, que ha luchado siempre defendiendo los intereses de la Institución y de los colegiados,  lo que conocen muy bien los compañeros que durante estos años han padecido algún problema en el ejercicio de la profesión, siempre ha estado a su lado como Decano. Muchas gracias José Manuel, sabes que me siento muy orgulloso de haber formado parte de tu Junta de Gobierno y recoger el testigo de tu legado.

Y para cerrar este apartado de agradecimientos, me van a permitir que incluya un capítulo personal,  dedicado a las personas que más han influido en mi profesionalmente como abogado: mis compañeros de despacho, Antonio Seoane y Daniel Piñeiro, con los que llevo más de 20 años, que tendrán que cubrir mis ausencias, a mi tio Pedro Valiente, compañero Abogado, cuyos consejos siempre me han ayudado a encontrar el sentido jurídico común de las cosas; y a tres personas que hoy ya no están con nosotros: Emilio Beltrami, que me abrió las puertas de su despacho, mi tio Filomeno Aparicio, también abogado, que fue quien me animó a ejercer la abogacía y, por supuesto, mi padre, que hoy se sentiría muy orgulloso.

Me  causa cierto reparo dirigirme a un auditorio compuesto de abogados con mucha más experiencia y cualificación para hablarles a ustedes de la profesión de Abogado, de la figura del Decano o de la Institución colegial, por lo que cualquiera de mis palabras quedan desde ahora sometidas a su mejor criterio.

Mis  compañeros de Junta de Gobierno y yo iniciamos una nueva etapa, con ilusión, compromiso y responsabilidad; somos conscientes de que tenemos por delante un reto difícil, como es que los cerca de 3.000 colegiados (entre ejercientes y no ejercientes) sientan el Colegio como algo propio, para eso tenemos que hacer del Colegio una Institución participativa y abierta a todos los colegiados, con absoluta transparencia.

Es fundamental en esta tarea que el Colegio se convierta en un instrumento de servicio al colegiado para facilitar el ejercicio de la profesión en todos los ámbitos. Yo siento tristeza cuando algún compañero me pregunta que “para qué sirve el Colegio”, puesto que es un síntoma ineludible de un cierto fracaso institucional, del que individual y colectivamente tengo que reconocer mi propia responsabilidad en un ejercicio sincero de autocrítica.

El ejercicio de la profesión de abogado supone un privilegio y una responsabilidad. Un privilegio porque la de abogado es la única profesión que constitucional y estatutariamente tiene encomendada la defensa de los ciudadanos ante los Tribunales de Justicia en todos los órdenes, la defensa de sus derechos y libertades; pero al mismo tiempo es una responsabilidad, porque los ciudadanos ponen en nuestras manos su vida, su libertad y su patrimonio.

Nosotros tenemos la suerte de llamarnos abogados  y dedicarnos profesionalmente a la defensa de los demás. A mi no me gusta que a los abogados nos llamen operadores jurídicos. Los abogados somos abogados y con esta denominación se abarcan todas las funciones del ejercicio de derecho de defensa que le son inherentes a nuestra profesión.

Para un abogado no hay satisfacción mayor que ponerse la toga, pedir la Venia  y defender a su cliente ante los Tribunales, pedir Justicia, comparecer en una Comisaría para asistir a un detenido, o  ante la Administración en defensa de los derechos de nuestros clientes.

Esta no es una tarea fácil, por eso necesitamos de un Colegio fuerte que nos facilite la realización de nuestro trabajo.

Son tres los ejes que nos deben servir de guía en este camino: la participación de los colegiados, la mejora en la prestación de servicios, y la defensa del ejercicio de la profesión y de los propios colegiados.

Si el colegiado no participa en las actividades del Colegio no va a sentir el Colegio como algo propio. Yo quiero un Colegio de todos y para todos: el Colegio no es de la Junta de Gobierno, ni del Decano ni de  los empleados: la Junta de Gobierno, el Decano y los empleados están para servir a los colegiados.

Y para que el colegiado participe hay que darle desde el Colegio  herramientas para que pueda  hacerlo: hay que potenciar la formación continua, crear comisiones Jurídicas abiertas, que  cuando vengan al Colegio sientan que están en su casa, porque para algo son sus dueños, son ellos los que pagan las cuotas con las que se financia el Colegio. En este sentido la Agrupación de Abogados Jovenes está haciendo un magnífico trabajo de impulso y participación en la vida colegial que quiero reconocer públicamente.

Vamos a poner en marcha un foro de debate jurídico abierto a la sociedad para que se escuche la voz de los abogados en los temas de actualidad, que nuestra opinión tenga la presencia social que se merece.

El segundo eje es la mejora en la prestación de servicios. Tenemos un colegio muy grande, que abarca desde Sanlucar a Ubrique, desde allí a San Roque y desde San Roque a Cádiz. Para esta Junta de Gobierno es muy importante que el Colegio preste los mismos servicios a todos los colegiados, con independencia de la localidad de su despacho. Para eso es fundamental la puesta en marcha de la Oficina Virtual del Colegio y una Biblioteca on line, de manera que todos los trámites administrativos que el colegiado necesite con el colegio y la consulta de libros y bases de datos puedan hacerse de manera telemática, desde su despacho.

El tercer eje es  la defensa del ejercicio de la profesión, que corresponde al Colegio:

-el Colegio tiene que velar porque los juicios, las declaraciones y todas las actuaciones judiciales se celebren con puntualidad; la relación con los Jueces y Tribunales tiene que ser una relación de lealtad y respeto mutuo: es una falta de respeto al Tribunal que un abogado llegue tarde a un juicio, pero también es una falta de respeto del Tribunal al abogado hacerle esperar para entrar en juicio.

Es al colegio y no al colegiado al que corresponde denunciar estas situaciones

-La defensa del ejercicio de la profesión exige que tengamos una actitud responsable y  exigente ante el retraso sistemático de la Administración para pagar el Turno de Oficio. Para nosotros los abogados es una cuestión de dignidad: El turno de Oficio encarna los valores sociales por excelencia del ejercicio de la profesión de Abogado, defendiendo a los más desfavorecidos: desempleados, presos, extranjeros, desahuciados.

La justicia es gratuita para el que la recibe, pero no para quien la presta.

Los abogados nos sentimos extraordinariamente orgullosos de prestar este servicio, y queremos seguir haciéndolo.

– La defensa del ejercicio de la profesión exige de los Colegios una actitud beligerante ante reformas legislativas como la Ley de Tasas, que tanto daño está causando en el derecho de los ciudadanos al acceso a la tutela judicial efectiva.

– La defensa del ejercicio de la profesión exige que el Colegio facilite protocolos de actuación en materias tan importantes como la Asistencia al Detenido o las Conformidades.

– La defensa del ejercicio de la profesión exige que el Colegio ampare a sus colegiados cuando se produce cualquier injerencia por parte de los Juzgados o la Administración en su independencia profesional, valor irrenunciable.

En definitiva, la defensa de los colegiados debe ser la prioridad del Colegio. Para ello vamos a poner en marcha la figura del Defensor del Colegiado, la del Diputado de Guardia y vamos a consolidar la recién creada Fundación del Colegio.

 

No ha sido mi intención aburriros con este discurso, si así ha sido os pido disculpas, porque se debe a mi falta de hábito en dar discursos (al menos discursos de toma de posesión de Decano); espero mejorar con el tiempo.

Quiero terminar tomando prestada una frase de uno de los Decanos que me han precedido en este Colegio: “Para un abogado no existe mayor honor que ser Decano de su colegio de Abogados”

Y quiero añadir otra, en este caso mia, al hilo de la anterior: “Para un Decano no existe mayor honor que representar, defender y servir a sus compañeros abogados.”

En esto consiste ser Decano y a ello dedicaré todo mi empeño: representar con dignidad, defenderlos con valentía y servirlos con humildad.

Muchas gracias.

 

Pascual Valiente Aparicio.

Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Cádiz.

Cádiz, 30 de Enero de 2015.