Fallece el Decano Emérito Julio Ramos

OBITUARIO JULIO RAMOS DÍAZ.

Se nos ha ido un gaditano ejemplar, Julio Ramos Díaz.

Nos queda el consuelo de la certeza de que Julio, profundamente religioso, descansa con el Padre, mirando de frente a Jesús de la Buena Muerte, Aquel que conoció de niño en San Agustín, del que nunca se separó, y al que ahora, tras una larga travesía de 92 años, entrega sus credenciales de persona de Ley y, sobre todo, de hombre bueno, en una sucesión ordenada e inagotable de méritos que resultan difíciles de glosar, entre la emoción y la tristeza por su pérdida.

Julio Ramos tenía una formación humana e intelectual excepcional, forjada en el esfuerzo, la dedicación, el estudio y la perseverancia, superando adversidades dolorosas de una injusta posguerra que le hizo comprender y vivir el sufrimiento de su padre, de quien heredó su amor a la Justicia, al Derecho como único camino para el entendimiento entre los hombres; la vida de Julio fue un homenaje permanente a su padre, con su ejemplo personal de hombre cabal y justo.

Julio Ramos tenía una cultura extraordinaria, generosamente compartida como ameno conversador, apoyado siempre por una memoria privilegiada, que le permitía relatar con profusión de detalles numerosos acontecimientos que vivió en primera persona y  que ya forman parte de la historia de nuestra ciudad y de nuestro país; conoció a  ilustres personalidades de todos los órdenes, con muchas de las cuales trabó amistad personal hasta sus últimos días, que le admiraron sinceramente, lo que siempre llevó con sencillez, con su natural elegancia.

Con la muerte de Julio Ramos se nos va un gaditano ilustre, intelectual y académico, que perteneció a numerosas instituciones gaditanas civiles y religiosas, a las que sirvió con enorme dedicación, las que hoy sienten su pérdida, como lo hace toda la ciudad, pero, especialmente, los  abogados gaditanos, a los que se nos ha ido nuestro Decano, el Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Cádiz, al que perteneció desde su colegiación en enero de 1954 hasta hoy mismo.

A Julio Ramos su sentido inquebrantable de la Justicia le llevó a estudiar Derecho, disciplina en la que se licenció y doctoró, decantándose por el ejercicio de la Abogacía,  carrera que ejerció durante más de sesenta años, como colegiado del Ilustre Colegio de Abogados de Cádiz, engrandeciendo la nómina de nuestra centenaria corporación, de la que fue Decano desde 1985 a 1998 y Presidente fundador del Consejo Andaluz de Colegios de Abogados, además de miembro destacado del Consejo General de la Abogacía Española, siendo reconocido con numerosa distinciones (Cruz al Mérito en el Servicio de la Abogacía, Cruz de San Raimundo de Peñafort, Insignia de Oro del Consejo Andaluz de Colegios de Abogados, Decano Emérito del Colegio de Abogados de Cádiz; además de la Cruz Pro Ecclesia et Pontifice; entre otras), en atención a los méritos de su persona y obra, dejándonos un legado imborrable, además de la actual sede colegial construida durante el mandato de la Junta de Gobierno que presidió.

Pero Julio Ramos no sólo fue Decano hasta el año 1998, sino que, para nosotros, sus colegiados, continuaba siendo el Decano, nuestro Decano, condición de la que sus sucesores (el actual y los muy apreciados antecesores José Antonio Gutierrez Trueba y José Manuel Jareño) y los cerca de 3.000 colegiados no le permitimos nunca desprenderse, pues Julio impregnó con su señorío a la institución, a la que representó y defendió de manera ejemplar, haciéndonos sentir orgullosos de pertenecer a una profesión, la de abogados, compuesta por hombres y mujeres libres e independientes,  que por convicción y principios se dedican a defender los derechos y libertades de los ciudadanos, como tantas veces defendió Julio Ramos a lo largo de su brillante carrera profesional, siendo defensor de centenares de gaditanos, empresas, instituciones, asociaciones, sin importarle nunca su origen o condición, la retribución o la gratuidad de su servicio.

Esta es una pequeña semblanza con la que queremos transmitir desde la Junta de Gobierno del Ilustre Colegio de Abogados de Cádiz, y en nombre de todos los colegiados, el profundo cariño, admiración, respeto y agradecimiento que la Abogacía gaditana tiene por el Decano Julio Ramos, que, aunque no tuvo hijos, tuvo una vida enormemente fructífera, que vivió rodeado de numerosos amigos y compañeros de profesión, junto a su mujer, Teresa, su desaparecida hermana Pura (que fue la primera mujer abogada de Cádiz), sus sobrinos, y sus sobrinas, que tanto le acompañaron en su vida, en su despacho y en todos los actos del Colegio de Abogados, a los que Julio Ramos nunca faltó, como un colegiado más, siendo el primero y más antiguo de todos.

Descanse en paz.

 

Pascual Valiente Aparicio.

Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Cádiz.

 

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